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"Este
pueblo llamado vulgarmente la Perla de Sayago, se encuentra situado en un
terreno desigual, pero de clima templado y sano, y radica en la margen
izquierda del Río Duero, que corre por su término como a un kilómetro
de su población (...)
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Villadepera de Sayago es un pequeño pueblo de
unos 30 kilómetros cuadrados de extensión situado en la parte
occidental de la El nombre de Villadepera procede de topónimos medievales que rememoran otros aún más antiguos: en primer lugar el de Villa, tan frecuente en tierras sayaguesas. Pera hace referencia a “petra”, piedra, material tan rotundamente presente por todos sus alrededores. El origen del asentamiento humano en la zona data de época muy antigua. En las proximidades de la villa, en el término municipal de la vecina Villardiegua de la Ribera, existió un asentamiento primitivo, que luego fue urbanizado por los romanos e incluso pasó a manos del pueblo visigodo, antes de su abandono, en el entorno del cerro conocido como Peña Redonda. Ya en el siglo XVI aparece mencionado el lugar de “Villa de Pera” en documentos de la época, en los que se hace alusión a las minas que aquí se encontraban y que hoy están ya en desuso y abandonadas, pero de las que todavía pueden observarse algunos restos. Situado a unos 750 m. de altitud, es montuoso y agreste, poblado de numerosas encinas. El pueblo se halla desparramado formando barrios (Villaseco, el Muyón, San Zoilo, Barrio la Peral, los Hidros, las Escabadas, Cuesta de Miro y la zona centro en torno a la plaza del pueblo) por lo que las casas se entremezclan con huertos y cortinas arboladas que hacen que nada más asomarse a la ventana de una cualquiera de sus casas se tenga la sensación de encontrarse en mitad del campo.
Llegó a haber cuatro ermitas
en el pueblo: la de San Roque, la del Santo Cristo, la de San Zoilo
y la de Santa María Salomé. Solo las dos primeras se conservan en la
actualidad. De la de San Zoilo, situada en el barrio del mismo nombre, sólo
se conserva uno de los arcos, y de la de Santa María Salomé, situada
esta en un paraje conocido como "La Santa" a unos dos kilómetros
al oeste del casco urbano, sólo pueden observarse unas ruinas. Las dos
primeras se encuentran en perfecto estado de conservación: de hecho, en
la del Santo Cristo siguen oficiándose actos religiosos, y la de San
Roque está restaurada interiormente y alberga
el Museo Sacro de la localidad. En la zona antes mencionada de "La Santa" podemos encontrar las aguas de un manantial ferruginoso al que se han atribuido poderes medicinales, así como la Cruz del mismo nombre, Cruz que encierra una bonita leyenda y que podemos leer en la página que habla de la "ermita de La Santa". De las numerosas fuentes que tiene el pueblo, de las que se abastecía la gente antes de que llegara el agua potable a las casas a finales de los años setenta, la más conocida y majestuosa es la Fuente Beber, de origen romano. |